El despliegue artesanal de la colección ready-to-wear de Chanel ha tenido lugar en el castillo francés de Chenonceau, también conocido como ‘El Castillo de las Damas’.

En tiempos de la (antigua) normalidad, cualquiera que quisiese embarcarse en un road trip por los castillos del Loira tendría una parada obligatoria en el Chenonceau, también conocido como el castillo de las Damas. En una de sus salas, la de Diana de Poitiers, vería con bastante desconcierto en la repisa de la chimenea una doble c entrelazada: “¿cómo ha llegado el logo de Chanel hasta una estancia renacentista?”, podría pensarse. El guiño histórico ha sido uno de los puntos de partida precisamente para el desfile Métiers d’Art que ha presentado la maison francesa en Chenonceau. Este logo, que hace referencia a la doble c que identifica la inicial de la antigua monarca francesa Catalina de Médici (1519-1589) comparte una similitud sorprendente con las dos letras que forman parte del universo creativo de la firma y que hemos vuelto a ver, de forma reiterada, en los accesorios, botones y joyas de la colección.

Por la propia de Gabrielle Chanel, las historias que inspiran las colecciones de Chanel suelen ser las de mujeres fuertes e independientes. Con el castillo de las Damas, la casa no ha hecho una excepción: se trata de un palacio cuya construcción está ligada al nombre de Katherine Briçonnet, a las posesiones de Diana de Poitiers, amante de Enrique II de Francia, y de la esposa de éste, Catalina de Médici, que dan nombre a las estancias y los jardines que rodean el palacio. A posteriores reinas consortes y amantes, como Louise de Lorraine y Gabrielle d’Estrèes, o figuras clave en su historia, como Louise Dupin, que lo llenó de literatos y filósofos para después salvarlo de la Revolución Francesa.

En este sentido, aunque los Métiers d’Art suelen hacernos viajar hasta lugares recónditos relacionados con la biografía de Gabrielle (y también con los de Karl Lagerfeld), en estos nuevos tiempos donde viajar está tan limitado, el palacio parecía la mejor opción, al menos, la más “obvia”, en palabras de Virginie Viard, directora creativa de Chanel: “No sabemos si Coco se inspiró directamente en ella [en Catalina de Médici] pero es muy probable porque admiraba a las mujeres del Renacimiento. Su gusto por los cuellos de encaje y la estética de algunas piezas de joyería vienen de ahí. En el fondo, este lugar es parte de la historia de Chanel”, comentaba Viard. La propia Coco confesó en un artículo de 1936 su fascinación por las mujeres de esta época: “Siempre me han generado un cierto sentimiento de simpatía las mujeres que vivieron desde Francisco I hasta Luis XIII, quizá porque las encuentro a todas grandiosas, con una magnífica sencillez y una majestuosidad imbuida en sus onerosos deberes”.

Con Kristen Stewart como única asistente al desfile, la colección Métiers d’Art de Chanel parece continuar en 2020 con un capítulo más en ese fervor por las figuras femeninas del Renacimiento. Casi parece una cuestión de lógica: si en 2013 Lagerfeld nos trasladaba hasta el castillo de Linlithgow, donde nació María Estuardo, esta vez la maison nos remonta a la historia de la que fue su suegra, Catalina de Médici, y otras mujeres de su época. Por aquel entonces se cumplían 700 años del nacimiento de María Estuardo; el año pasado vino marcado por el quinto centenario del de Catalina. Los paralelismos históricos resultan un poco inevitables, pero no así el contexto estético: mientras el desfile de París-Edimburgo estuvo repleto de referencias a la vestimenta renacentista, la propuesta de Viard es mucho más libre de ataduras históricas. Aquí no vemos cartones de pecho ni recargados atuendos como los de las pinturas del siglo XVI. Las creaciones de Viard pasan más bien por una potente estética de aire ochentero que introdujo ya en la colección de Alta Costura, con vibrantes contrastes de colores. En este caso, las referencias no dejan de asomar en los leggings que incluyen prácticamente todos los looks, en tonalidades que van del rosa suave al azul eléctrico. Se llevan con absolutamente todo: por debajo de micro-shorts, de faldas de punto; hasta los clásicos conjuntos de tweed se actualizan con este accesorio que da a la colección un aire rebelde y juvenil. Incluso sorprende un mono elaborado en el mismo tejido elástico que los leggings, una licencia que contrarresta su informalidad con un abrigo blanco cuyas mangas estaban bordadas con motivos de hojas de Lesage (protegida por Chanel desde que se comenzase a crear este despliegue artesanal que representan las colecciones de Métiers d’Art, allá por 2002).

Viard se desmarca del sentido tan literal que le daba su mentor a las referencias históricas, incluyendo en el moodboard inspiraciones mucho más propias casi de la cultura pop: “Se encuentra en algún punto entre las películas de dibujos animados y las de serie B de espadachines que solía ver de pequeña”, comentaba la diseñadora en una entrevista, mencionando aventuras épicas de mosqueteros y el clásico kitsch de 1964, Angélique, Marquise des Anges. Sus mujeres son mucho más sexies, presumiendo de pierna y de escotes de vértigo, como alguna chaqueta con profundas aberturas a la altura del pecho ajustada tan solo a la cintura.

Y aún así, las referencias históricas que son intrínsecas al legado creativo de la maison no dejan de asomar por todas partes. Por un lado, Viard se inspira en el propio castillo: el suelo de baldosas blancas y negras de la Gran Galería sobre el río Cher (donde ha tenido lugar el desfile), sirve de punto de partida para estampados en damero que han dado vida a vestidos y principalmente, faldas de lentejuelas. La imagen del propio palacio se repetía en bolsos, en tops ajustados de aire noventero y en cinturones bordados, obra de maison Montex, como un motivo casi de estética Disney a base de coloridos cristales de estrás. Un accesorio ancho que ha subrayado los looks finales de la colección: “Me gusta todo mezclado, de diferentes épocas, entre el Renacimiento y el romanticismo, entre el rock y algo muy girly, es todo muy Chanel”, declaraba la diseñadora.

En el otro extremo, las referencias a sus protagonistas, Diana de Poitiers y Catalina de Médici, vuelven a ser las de la propia Coco: a medida que avanza la colección, los looks se van tiñendo de la eterna combinación estrella de la couturier: siempre blanco y negro. Fueron precisamente los dos colores que adoptó Diana de Poitiers a la muerte de su esposo. El siempre elegante negro, tan Chanel, era el uniforme de luto que adoptó Catalina de Médici a la muerte de su marido, Enrique II, en un torneo en 1559. Como viuda oficial del reino, y quizá también para diferenciarse del luto de la amante de su esposo, vestía de riguroso negro de pies a cabeza, incluido el velo, que también se ve en dos tocados del desfile (pero con un guiño casi infantil). Otro detalle que asoma también es la preferencia por esos cuellos tipo gorguera de la época, una pieza que vemos en blanco y negro en los looks de 2020 y que tanto le gustaba a Coco Chanel: con un atuendo parecido fue fotografiada por Hoyningen de Huené en 1935.

La majestuosidad de sus protagonistas también se transmite a través del sentido del tacto: más allá del omnipresente tweed, el terciopelo es una de las estrellas de la propuesta de esta colección de Métiers d’Art, incluido en abrigos, vestidos y hasta en leggings. El guateado, inherente a los iconos de la maison, no solo se recrea a través del uso de cristales en prendas de piel. Es un refinado detalle que, como las prendas más aristocráticas del pasado, adopta un relieve en faldas y chaquetas , recreando la doble c entrelazada, el castillo y y la camelia en una sutil referencia también a los tapices del castillo. A su vez, la flor insignia de la firma aparece de manera tridimensional mediante intarsia en las prendas de punto elaboradas por Barry Knitwear, otra de las casas artesanales bajo el paraguas del Paraffection de Chanel. Los botones, que suelen ser obra de Desrues, se cuajan de cristales con el logo de la casa francesa.

El despliegue de fantasía que suele acompañar cada colección de Métiers d’Art aquí no deja de lado el fin último de una colección: la de vender. Con una dosis ajustada, la propuesta de Chanel sigue haciendo soñar con la imaginación y la delicadeza de las casas artesanales que protege, pero con una visión muy práctica y actual. Lo sigue demostrando esos finos cinturones cuajados de perlas, esos bolsos deliciosamente minis y todas las propuestas de zapatos que incluye la colección: en 2020 Catalina de Médici vestiría de negro, con un romántico volante al cuello, pero enfundada en botas de Massaro, mary-janes con purpurina y sombreros de Maison Michel. Eso sí, con unos leggings de colores por debajo. Porque las damas, las chicas, también quieren divertirse.


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Fuente: Vogue.com. Foto: Vogue.com.

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